El impacto de devolver la visión va más allá del tratamiento de la ceguera. En nuestra dilatada experiencia, descubrimos que aliviar la ceguera es una forma efectiva de reducir la pobreza y contribuir al desarrollo socio-económico de estos países.
El 90% de las personas con discapacidad visual vive en países de ingresos bajos. Para esas personas, el acceso a servicios de prevención, educación y tratamiento, así como de rehabilitación, aún no es universal. Se prevé que este número siga aumentando, debido al envejecimiento de la población mundial. El 28% de las personas que padecen discapacidad visual moderada y grave están edad de trabajar. Las limitaciones visuales afectan la capacidad de los trabajadores para llevar una vida productiva. Esto menoscaba sus posibilidades de encontrar empleo y mantenerse a sí mismos y a sus familias. Cuanto mejor sea la salud de una persona, más independientes.
Devolver la visión transforma la calidad de vida de las personas ciegas y de sus familias.
Esto libera a sus familiares de la responsabilidad de cuidarlos. Pacientes con cataratas después de la cirugía, aumentaron sus horas de trabajo, pudiendo contribuir a la economía familiar. Aquellos que hacían trabajo no remunerado en el hogar eran capaces de realizar tareas esenciales para la vida diaria, liberando a sus cuidadores -a menudo niños- que podían volver a la escuela.
Otro factor a tener en cuenta es la reducción de la mortalidad. Las caídas por falta de visión, son unos de los principales problemas y la causa de importantes lesiones que pueden llevar a la muerte. Cuando una persona recupera la visión, el número de caídas se reduce en un aproximadamente 83%.
Pero los resultados verdaderamente importantes son: vidas más largas, felices, independientes y saludables. Sin olvidarnos de la reducción de la pobreza extrema, aumento de la escolarización, mejora de la igualdad de género, independencia y autoestima.